Fácil es salir a hablar, indignándose,
obviamente, cuando aparecen casos como los de la anestesista de
Recoleta que baleó un auto en medio de un ataque de furia o la
señora que cansada de que su compañía de teléfono celular no le
diera respuestas satisfactorias se dirigió a una sucursal en la que
causó daños materiales y además se dijo de todo con los empleados
del local. Es facilísimo, desde la posición externa de jueces decir
“esa señora está muy mal de la cabeza”, y muy pocos se ponen a
pensar en todas las desgastantes instancias que ha debido atravesar
esa persona.
Debo reconocer -aunque esto me valga
una derivación psiquiátrica- que en ambos casos me sentí
identificada y las entendí, aunque nunca me estafó Movistar con 15
lucas y tampoco encontré que mi lugar del garage estuviera ocupado
por otro auto. Mi caso es mucho más simple, aunque no menos
estresante y molesto, y se podría resolver con muchísima facilidad
si tan solo la contraparte pusiera un poquito de empeño en
ajustarse, ni más ni menos, a lo que establece el reglamento de
convivencia del edificio.
Sucede que tengo un vecino músico,
pianista para ser más exactos. Y, aunque suene un poquito exagerado,
es un talibán, un fundamentalista de la música y por ella está
dispuesto a cometer todos los crímenes en contra de la tranquilidad
y el sosiego de sus vecinos en el edificio porque el es músico y
necesita escuchar música, y si es muy fuerte, mucho mejor. Y también
necesita ensayar, y si es a las 12 de la noche parece que se genera
el clima más perfecto.
Se intentó disuadirlo por todos los
medios -diplomáticos y no tan diplomáticos- y hasta se llamó a la
fuerza pública, que lejos de intimidarlo después de un par de
semanas lo potenció. La administración del edificio le mandó
notas, mediante las cuales no se sintió mínimamente interpelado, le
habló un vecino en reiteradas oportunidades y también el encargado
del edificio. Nada de esto lo detuvo y así llegué a soportar un
sábado a la tarde tres o cuatro horas de ensayo y grabación del
tango Malena. Porque además de que se trata de un edificio que no es
apto profesional, estamos hablando de una unidad funcional que no
está ni remotamente acondicionada para que los vecinos puedan
guardar la calma ante una situación semejante. Y mirá que yo a
Malena la quería eh, y ahora no la puedo ni ver.
Tanto cuando le habló la policía como
en una instancia posterior el sostuvo que es músico y vive de esto,
y que hay que entender sus necesidades como tal y que la desubicada
era yo por quejarme y volverlo loco tocándole el timbre. Si,
reconozco haber tocado el timbre como una desquiciada, pero lo hice
cada vez que estando yo en mi casa no podía escuchar la música que
reproducía con la potencia que puede tener una computadora portátil,
porque ésta era tapada por la música que venía de afuera. Para el
es mucho más lógico que nosotros vivamos encerrados (aunque ni el
más absoluto encierro pueda hacer que dejemos de escucharlo) porque
“tenemos aire acondicionado” y el, pobre, tiene que tocar la
música con todas las ventanas abiertas porque sino se muere de
calor.
Como integrantes de esta sociedad
tenemos que soportar la falta de respeto de los que nos aumentan el
subte a nuestras espaldas, tenemos que soportar que no podamos viajar
en buenas condiciones a trabajar porque tal vez perdamos la vida en
el anden de una estación, o que no la perdamos pero que nos
atropellen cuando intentamos subirnos o bajarnos, que nos pungueen
aprovechando el tumulto o que los degenerados den rienda suelta a sus
impulsos aprovechando la desagradable situación. Tenemos que
soportar que quienes tienen más poder que nosotros se aprovechen de
eso, también que en la cotidianeidad de la vida nadie use mas el
gracias y el por
favor. Y
después de circular por la ciudad soportando atropellos, cuando
buscamos refugiarnos en la calma de nuestro hogar al resguardo de los
irrespetuosos que andan dando vueltas, tenemos que aguantarnos al
vecino músico que en nombre del arte también te va a faltar el
respeto porque le chupa un huevo que vos quieras descansar. Como si
el más profundo de los silencios no fuera un hecho artístico.
Hoy me desperté a las 7, pero quise
dormir un poquito más porque me había acostado tarde. No iba a
dormir mucho más tampoco, pero a las 8.30 de la mañana me desperté.
No me desperté porque hubiera activado ninguna alarma, me despertó
la música que venía del departamento del vecino. No sé si estaba
ensayando desde temprano o si sólo estaba escuchando música, pero
me desperté. Quienes me conocen saben que cuando me despierto no
tengo muchas pulgas, sin embargo no fui a llenarle la puerta de
balazos como la anestesista, ni fui a revolearle el piano desde la
ventana hasta la planta baja (aunque ahora que me figuro esa imagen
mental hubiera estado bastante bien). Guardé la calma y traté de
empezar mi día con sosiego y tranquilidad, esa que suelen
arrebatarme sin pedirme permiso constantemente.

¿Tenés su FB? ¿Su TW? Así le hacemos un buen cyber-bullying.
ResponderEliminarSu TW no, lo otro te lo paso por privado! jaja
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