Si esto de los blogs hubiera existido hace trece años, yo sin dudas hubiera tenido uno por aquel entonces y hubiera plasmado en él las mismas cosas que las quinceñera ponen hoy sobre Justin Bieber. Es mas, hubiera gastado cantidades ingentes de tiempo en dedicarles en el blog Feliz Cumpleaños a cada uno de los jugadores que formaron parte de la selección campeona de Qatar 1995, a los campeones de Malasia 1997, a los campeones del Sudamericano jugado en Mar del Plata en enero de 1999 (clasificatorio para el Mundial de Nigeria 1999, donde Argentina tuvo una caída estrepitosa en octavos por México 4 a 1), y por qué no también a los del campeonato jugado en Argentina antes de la debacle de diciembre del 2001, ya que esos también fueron campeones.

Pero de todos aquellos jóvenes que conocieron el éxito de la mano del gran José Néstor Pekerman, yo tenía un favorito, un mimado que sobresalía por el resto entre todos los que estaban en la pared de aquella habitación adolescente. Esteban Matías "Cuchu" Cambiasso Deleau aparecía en más de la mitad de los posters -o fotos de hoja completa de revista devenidas en poster- y dedicaba todos los recursos de aquella rudimentaria Internet para registrar los movimientos de su carrera deportiva. "El Principito", su otro apodo, por su posición en la cancha, el parecido de su look y de los clubes en los que llevaba participando en los inicios de su carrera (Argentinos Juniors, Real Madrid) había llegado a las verdes canchas para reemplazar a otro excelente jugador cuya carrera terminó tempranamente hacia 2004, "El Príncipe" Fernando Carlos Redondo Neri. Al principio era difícil seguirlo al Cuchu, jugaba en las inferiores del Real Madrid y tuve que esperar hasta que el Flaco Menotti lo trajera a jugar en Independiente para poder verlo más seguido. Ahí empezó una guerra con algunas amigas, para mi los partidos de Boca y los de Independiente eran más obligatorios que las misas obligatorias del colegio, y detestaba cuando a mitad de partido alguien me llamaba para juntarnos en el centro.
Mi fanatismo teen tuvo momentos de felicidad extrema, y la mayoría fueron en Mar del Plata. Para fines de 1999 su contrato con Independiente había terminado y probablemente tuviera que hacer las valijas para volver a Madrid, pero el 18 de diciembre de 1998 Pekerman lo convocó para jugar el Sudamericano y la felicidad in crescendo. Madre, hermano y abuela pasaron la tarde en una agencia de viajes para conseguir los pasajes para emprender ese destino, y así fue que el 5 de enero en el entretiempo de Argentina-Venezuela, estiré la mano y llegué a tocarlo. El partido siguiente la alegría fue aun mayor, al llegar temprano lo tuve frente a frente, le balbucié cinco palabras, le saqué una foto y le pedí un autógrafo. Pero como si todo eso fuera poco, aquellos días de alegría fueron reforzados por una foto en una nota de la revista Mística en la que salía él en primerisimo primer plano, y una chica estirando la mano en el fondo del cuadro.
Debo reconocer algo, hoy -a lo lejos- cuando pienso en esa imagen, por momentos me da un poquito de vergüenza, pero no me dura mucho, después de todo alguna vez también fui teen.

Pero de todos aquellos jóvenes que conocieron el éxito de la mano del gran José Néstor Pekerman, yo tenía un favorito, un mimado que sobresalía por el resto entre todos los que estaban en la pared de aquella habitación adolescente. Esteban Matías "Cuchu" Cambiasso Deleau aparecía en más de la mitad de los posters -o fotos de hoja completa de revista devenidas en poster- y dedicaba todos los recursos de aquella rudimentaria Internet para registrar los movimientos de su carrera deportiva. "El Principito", su otro apodo, por su posición en la cancha, el parecido de su look y de los clubes en los que llevaba participando en los inicios de su carrera (Argentinos Juniors, Real Madrid) había llegado a las verdes canchas para reemplazar a otro excelente jugador cuya carrera terminó tempranamente hacia 2004, "El Príncipe" Fernando Carlos Redondo Neri. Al principio era difícil seguirlo al Cuchu, jugaba en las inferiores del Real Madrid y tuve que esperar hasta que el Flaco Menotti lo trajera a jugar en Independiente para poder verlo más seguido. Ahí empezó una guerra con algunas amigas, para mi los partidos de Boca y los de Independiente eran más obligatorios que las misas obligatorias del colegio, y detestaba cuando a mitad de partido alguien me llamaba para juntarnos en el centro.
Mi fanatismo teen tuvo momentos de felicidad extrema, y la mayoría fueron en Mar del Plata. Para fines de 1999 su contrato con Independiente había terminado y probablemente tuviera que hacer las valijas para volver a Madrid, pero el 18 de diciembre de 1998 Pekerman lo convocó para jugar el Sudamericano y la felicidad in crescendo. Madre, hermano y abuela pasaron la tarde en una agencia de viajes para conseguir los pasajes para emprender ese destino, y así fue que el 5 de enero en el entretiempo de Argentina-Venezuela, estiré la mano y llegué a tocarlo. El partido siguiente la alegría fue aun mayor, al llegar temprano lo tuve frente a frente, le balbucié cinco palabras, le saqué una foto y le pedí un autógrafo. Pero como si todo eso fuera poco, aquellos días de alegría fueron reforzados por una foto en una nota de la revista Mística en la que salía él en primerisimo primer plano, y una chica estirando la mano en el fondo del cuadro.Debo reconocer algo, hoy -a lo lejos- cuando pienso en esa imagen, por momentos me da un poquito de vergüenza, pero no me dura mucho, después de todo alguna vez también fui teen.

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