Fácil es salir a hablar, indignándose, obviamente, cuando aparecen casos como los de la anestesista de Recoleta que baleó un auto en medio de un ataque de furia o la señora que cansada de que su compañía de teléfono celular no le diera respuestas satisfactorias se dirigió a una sucursal en la que causó daños materiales y además se dijo de todo con los empleados del local. Es facilísimo, desde la posición externa de jueces decir “esa señora está muy mal de la cabeza”, y muy pocos se ponen a pensar en todas las desgastantes instancias que ha debido atravesar esa persona. Debo reconocer -aunque esto me valga una derivación psiquiátrica- que en ambos casos me sentí identificada y las entendí, aunque nunca me estafó Movistar con 15 lucas y tampoco encontré que mi lugar del garage estuviera ocupado por otro auto. Mi caso es mucho más simple, aunque no menos estresante y molesto, y se podría resolver con muchísima facilidad si tan solo la contraparte pusiera un poquito de empeño en aju...